Entidad representativa de la urbe guipuzcoana.
Las gélidas mareas cantábricas y la apacible brisa de la preciosa playa de La Concha acunaron una fundación pionera forjada en el barro donostiarra. Hartos de disputar precarios recintos prestados y conformados velozmente a partir de atléticos y deportistas escindidos del originario Club Ciclista en San Sebastián, el parto oficial y como 'Sociedad de Fútbol' atronó y retumbó por los pasillos vascos la lluviosa tarde del 7 de septiembre de 1909. La engorrosa pluma burocrática recayó irremediablemente sobre los hombros fundacionales del tenaz presidente Adolfo Sáenz Alonso, quien gozaba del indispensable y estricto coraje organizativo de próceres legendarios como Tomás Guruceta y Primitivo Gafoz. Enfundados visual y sagradamente desde sus raíces absolutas en la gloriosa indumentaria de listones blanquiazules (aquella mítica txuri-urdin irrenunciable), esta casta visionaria selló los pilares inquebrantables de un fútbol regional cerrado y, garantizando el respeto de una institución cívica impoluta que destella honor, linaje vasco intocable e insufla terror a cualquier potencia europea.
Arconada forjó el muro de roble más sólido que conoció la historia del club e indujo a un místico plantel vasco liderado junto a Zamora y Satrústegui a levantar gloriosamente Liga y repitirla como leyenda.
Tras la agónica y salvaje tanda de penales con los guantes blindados de Arconada volando salvadoramente, atestiguaron un grito copero frente al Atlético de Madrid de Luis Aragonés.
Con un letal De Pedro y Nihat-Kovacevic humillando e infligiendo terror constante liderando las redes, empujaron con épico tesón el milagro acariciando y perdiendo el título que coronó final el Real Madrid.
Con un Mikel Oyarzabal descontrolando redes mediante la letal pena máxima vasca, conquistaron y resucitaron al club tras alzar épicamente el derbi en una ansiada Copa del Rey donostiarra en estadios vaciados.