Uno de los equipos más tradicionales y ganadores de Colombia. Forjó su grandeza mundial durante la época de 'El Dorado' con el célebre Ballet Azul que deslumbró a nivel internacional.
El 18 de junio de 1946, en las dependencias de la Notaría Tercera de Bogotá, se firmó la escritura pública oficial que dio vida jurídica al Club Deportivo Los Millonarios. La constitución legal fue gestada por el dirigente deportivo Alfonso Senior Quevedo, quien asumió como el primer presidente de la institución. Los orígenes deportivos del grupo se remontaban a 1937, a partir del equipo aficionado formado por estudiantes del Colegio Mayor de San Bartolomé. Sin embargo, el objetivo central de Senior y la junta directiva en 1946 fue transformar aquella escuadra amateur en una empresa deportiva profesional de alto poder adquisitivo. La adopción del nombre 'Millonarios' se oficializó debido a las altas inversiones de capital que los directivos realizaban para asegurar la contratación de destacados futbolistas extranjeros, principalmente argentinos. Esta sólida inyección económica y visión corporativa sentó las bases operativas del club de cara a la fundación del fútbol profesional colombiano en 1948.
En 1949, el balompié nacional se convulsionó ante la irrupción de una huelga en el fútbol argentino, circunstancia que el brillante presidente Alfonso Senior Quevedo aprovechó con una astucia directiva sin precedentes. Fichando al eximio Adolfo Pedernera, Senior gestó el inicio del período más deslumbrante de la historia del fútbol local: 'El Dorado'. Respaldados por multitudes extasiadas y una plantilla que pronto sumaría a colosos del juego, el club arrasó en el certamen nacional, forzando y venciendo en una finalísima a dos partidos a su acérrimo rival de la época, el Deportivo Cali. Este campeonato no solo le otorgó a la institución embajadora su primera anhelada estrella oficial, sino que funcionó como el poderoso Big Bang que transformaría de forma definitiva al equipo capitalino en un titán indiscutible y en la institución deportiva más glamurosa de Colombia y el continente.
El 30 de marzo de 1952 representa uno de los capítulos más extraordinarios del fútbol sudamericano. Invitados de honor a los magnos festejos por el 50º aniversario (Bodas de Oro) del Real Madrid en España, la plantilla embajadora se presentó en el estadio de Chamartín dispuesta a maravillar al viejo continente. Desplegando el ya mítico juego del 'Ballet Azul', con un virtuosismo táctico y técnico pocas veces visto, el conjunto dirigido por Adolfo Pedernera brindó un recital de fútbol orquestado por la figura superlativa de un joven Alfredo Di Stéfano. El contundente e histórico triunfo por 4-2 ante el poderoso elenco madridista no solo generó el asombro atónito de la prensa europea, que los bautizó como uno de los mejores equipos del globo, sino que inmortalizó para siempre el escudo de Millonarios en las más altas esferas del prestigio internacional.
Tras sobrellevar una dura travesía de escasez de trofeos durante la agónica década de los noventa, la ansiada resurrección continental arribó el 20 de diciembre de 2001. Bajo el comando táctico del laureado entrenador Luis Augusto 'Chiqui' García, Millonarios alcanzó la final de la prestigiosa Copa Merconorte enfrentando al correoso Emelec de Ecuador. Tras una serie tremendamente igualada que se resolvió mediante los lanzamientos desde el punto penal en la calurosa ciudad de Guayaquil, la actuación heroica del guardameta venezolano Rafael Dudamel resultó providencial para alcanzar la victoria por 3-1 en la tanda. Esta conquista internacional, forjada a base de jerarquía y sufrimiento, permitió a la institución azul retornar a la elite sudamericana, devolviendo el honor continental a su vasta parcialidad y sumando el título internacional moderno más representativo a sus veneradas vitrinas institucionales.
La consagración en el torneo Apertura de la Liga BetPlay Dimayor I-2023 (el 24 de junio de 2023) quedará eternamente grabada como uno de los triunfos domésticos más catárticos en la historia embajadora. Alcanzando la gran final ante su más enconado y tradicional rival moderno, el Atlético Nacional, el equipo dirigido por Alberto Gamero desplegó un fútbol vibrante y metódico a lo largo de todo el semestre. Tras un férreo empate global en la serie, el campeonato se definió en un dramático desenlace por penales en un estadio El Campín abarrotado y electrizante. El penal definitivo, ejecutado con aplomo por Larry Vásquez, desató la locura total de la capital colombiana, adjudicando al club su anhelada estrella número dieciséis (o decimoquinta de Liga, más la copa especial). Fue una conquista mayúscula que revalidó su linaje de cuna grande frente al adversario ideal.