El 7 de abril de 1955 se firmó la histórica acta de fundación oficial de O'Higgins, el orgullo de la ciudad de Rancagua. Tras una orden directa de la Asociación Central de Fútbol que prohibía la coexistencia de dos equipos profesionales de la misma urbe, los enconados y antagónicos clubes locales 'América de Rancagua' y el 'O'Higgins Braden' (institución vinculada orgánicamente al masivo campamento minero de Sewell) se vieron forzados a unirse. La intensa y compleja mediación para sellar esta unión fue liderada por próceres directivos como Carlos Dittborn y Baltazar Castro, quienes lograron limar las asperezas históricas. Adoptando el celeste en homenaje a la camiseta de la selección uruguaya (por el fervor popular de la hazaña del Maracanazo reciente) y como símbolo de integración, la fusión dotó de inmediato a la nueva institución de una gigantesca y pasional masa de adherentes vinculados tanto al centro urbano de Rancagua como a las alturas cordilleranas del mineral El Teniente.
A fines de la década de 1970, O'Higgins experimentó su primer gran salto de calidad institucional de la mano del estratega nacional Luis Santibáñez, quien transformó al equipo celeste en una de las potencias dominantes de Chile. Respaldados por una sólida y millonaria inversión de CODELCO, conformaron un plantel plagado de seleccionados nacionales que alcanzó el tercer lugar en la dura temporada de 1978 y consiguió un histórico y disputado subcampeonato en 1979. Este apogeo les permitió participar con asombroso protagonismo en la Copa Libertadores de América de 1979 y 1980. En la edición del 80, inscribieron uno de sus mayores orgullos internacionales al superar la fase de grupos frente a los temibles Cerro Porteño y Sol de América de Paraguay, y Colo-Colo, alcanzando las fases semifinales del torneo de clubes más importante de América. Este histórico equipo, cimentado por la solidez de René Valenzuela, el desborde de Juvenal Vargas y el genio del mediocampista Miguel Ángel Neira, marcó a fuego a toda una generación en Rancagua.
La revolución futbolística de O'Higgins en la era contemporánea se gestó tras el providencial arribo del estratega argentino Eduardo Berizzo en 2012. El discípulo de Marcelo Bielsa instauró de inmediato un esquema táctico agresivo, asfixiante y arrollador. En el Torneo de Apertura 2012, completaron una brillante campaña que los depositó en la gran final frente a la temible Universidad de Chile de Jorge Sampaoli (vigente campeona de la Copa Sudamericana). El elenco rancagüino deslumbró al ganar el partido de ida en El Teniente por 2-1 con un gol agónico. En el dramático duelo de revancha disputado el 2 de julio en el Estadio Nacional, O'Higgins acarició la gloria sosteniendo la ventaja hasta el último suspiro, cuando un polémico gol azul a los 92 minutos forzó la tanda de penales. Aunque terminaron cayendo en los lanzamientos (2-0), el dolor y las lágrimas de la dolorosa jornada de 2012 unieron a la ciudad y forjaron el carácter de un plantel extraordinario que prometió la pronta revancha.
La ineludible cita con la historia, teñida de gloria y tragedia, se consumó durante el Torneo de Apertura de 2013. Tras una campaña fenomenal en la que igualaron en el liderato con la Universidad Católica (ambos con 39 puntos y 12 triunfos), el reglamento obligó a un partido de desempate final. El mítico martes 10 de diciembre de 2013, ante un Estadio Nacional repleto y paralizado por la expectativa, O'Higgins se consagró campeón absoluto de la Primera División por primera vez en su historia. El equipo de Eduardo Berizzo logró una trabajadísima victoria por 1-0 gracias a una mágica e inolvidable volea de zurda conectada por el atacante argentino-chileno Pedro Pablo 'Tucu' Hernández en el minuto 34 de la primera fracción. La campaña gloriosa, cimentada por el liderazgo de Julio Barroso en la zaga y la solvencia del arquero Paulo Garcés, representó además un catártico y doloroso desahogo espiritual, dedicando la anhelada primera estrella en honor y memoria a los '16 hinchas de Tomé' trágicamente fallecidos a comienzos de año en un fatídico accidente en la ruta hacia Talcahuano.
Consolidada su posición de prestigio gracias al campeonato del 2013, la institución rancagüina amplió rápidamente sus vitrinas en el inicio de la temporada 2014. El sábado 3 de mayo de 2014, el Estadio San Carlos de Apoquindo albergó la gran final de la segunda edición de la Supercopa de Chile, que enfrentó al flamante 'Capo de Provincia' contra el monarca de la Copa Chile, Deportes Iquique. El arduo y sumamente friccionado encuentro finalizó igualado 1-1 en el tiempo reglamentario. En la infartante definición a través de los lanzamientos penales, el equipo de Eduardo Berizzo (en su último partido como entrenador del club) ratificó su envidiable jerarquía imponiéndose por 3-2 y alzando su segunda copa en menos de cinco meses. Estas monumentales gestas deportivas estuvieron respaldadas por el crecimiento patrimonial más espectacular del club: la reciente e imponente inauguración del Centro Deportivo Monasterio Celeste (el complejo de entrenamiento más sofisticado de Chile y de nivel internacional), garantizando el progreso, la formación y el exitoso futuro institucional para las décadas venideras.